Tener problemas está bien

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Siempre se nos ha dicho que para vivir tranquilos, lo mejor es evitar los problemas. Esto se dice, porque los problemas son vistos como una acción punible, que trae consecuencias muy negativas para el individuo. ¿Te equivocas en el trabajo? Gritos y recriminación por parte del jefe. ¿Te equivocas en tu vida diaria? Bronca con tu pareja.

A lo largo de la historia, tener problemas significaba poner en marcha un mecanismo natural de adaptación y evolución, en el que como resultado lograba sacar lo mejor de uno mismo, tanto a nivel físico como mental. Como resultado, mejoraba nuestra sociedad y con ello los personas.

La calidad de nuestras vidas depende de la calidad de las decisiones que tomemos. Algo lógico, pero que poca gente se plantea a medida que surgen las complicaciones. 

Ese miedo y dolor a la incertidumbre es lo que nos hace avanzar. Es algo innato, pero que de alguna manera nos reprimen y nos dicen que está mal. Tampoco es que se nos permita parar a pensar sobre hacia dónde te diriges, qué es lo que quieres o cómo vas a trazar tu camino. Por ello, improvisamos y reaccionamos únicamente cuando la situación es ya insostenible en nuestra vida diaria.

Existen personas que llevan al extremo el pararse a reflexionar, creando comunidades en el medio rural, como por ejemplo esta:

Pero no hace falta llegar a vivir en comunidades así, entrar en sectas, o creer que tus pensamientos se reflejan en el universo (daría para otro post desmentir la filosofía de ‘El secreto’) para parar y reflexionar.

Cuando cometemos un error, ese dolor que sentimos y esa reflexión que hacemos es lo que posibilita dar un cambio. En líneas generales:

Dolor + reflexión = Mejora

Además, tendemos a confundir la realidad, con nuestra realidad inventada. Esto principalmente viene por problemas de ego, donde solo valoramos lo que percibimos, y no lo que realmente es.

Plantéate a la hora de afrontar un problema: ¿es cierto?

Somos muy buenos identificando los problemas de los demás, pero muy malos para identificar los nuestros. Es interesante por ello que existan personas de nuestro entorno que no tengan miedo a decir la verdad con el objetivo de ayudarnos a reconocerla. También ignoramos el orden de consecuencias de segundo y tercer nivel.

Por ejemplo: Consecuencias de primer orden de hacer ejercicio es tener agujetas y cansancio. Las consecuencias de segundo orden es mejorar tu salud y tu figura. 

Esto lo hacemos de manera inconsciente en todos los ámbitos: no recoger la casa porque estás cansado, no estudiar porque abrir los libros te agobia y entras en bucle, no hablar a la persona que quieres por miedo al rechazo…

A menudo, las consecuencias de primer orden son tentaciones que tiran por la borda cualquier acción que nos proponemos. 

La gente que elige lo que realmente quiere, evita las tentaciones y supera los miedos, utilizándolos como un trampolín, es más que posible que logre lo que se proponga en comparación a quienes no evitan las tentaciones.

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